¿Padre porque cerraron la Iglesia, cuando la vuelven abrir?

A muchos les cuestiona que en nombre de un virus se haya cerrado totalmente los templos, pero la gente pueda ir a otros lugares, como si se pudieran contagiar en el templo, pero en los supermercados, en las farmacias, en los hospitales y otros lugares no se pudieran contagiar. Por qué hay gente que puede estar en la calle, pero las mayorías no, por ejemplo, la policía y otras tantas personas pueden estar por las calles como si fueran inmunes, pero los que se quedan en casa no lo fueran. Algunos llegan a señalar que es una conspiración o una persecución disfrazada. En fin, son sentimientos que la gente.

Hay que decir que el propósito fundamental del estado social de derecho debe ser el bienestar del hombre en relación con el cosmos y por su puesto la comunidad humana. El derecho como parte fundamental de las relaciones sociales y el funcionamiento de las sociedades busca asegurar relaciones justas y equitativas. En teoría quienes legislan adaptando el derecho a circunstancias de modo, tiempo y lugar, deben garantizar que prevalezca el bien común, que haya relaciones interpersonales justas y que la sociedad viva en paz.

Las leyes en muchos de los casos obedecen a situaciones hipotéticas y se quedan cortas ante circunstancias especiales como lo sucedido frente al coronavirus o COVID 19. Por lo tanto, algunas determinaciones llevan establecer una nueva jerarquía normativa que buscan resolver las necesidades planteadas por los individuos frente a circunstancias muy especificas como son las que actualmente estamos viviendo.

Los estados basados en el principio constitucional de hacer prevalecer el orden público y el bien común como bienes supremos sobre las libertades, han determinado que, para enfrentar la pandemia, es necesario suprimir las libertades, dejándolas en la mínima expresión, ya que se considera que al dejarse de moverse la humanidad el virus no se transmite. Por ello ordenaron suprimir toda la vida social y con ello incluyeron los templos. Esta medida entendemos que transitoria mientras entendemos de qué se trata todo esto y cuales son las medidas exactas para enfrentarlo sin riesgos.

Lo cierto es que los virus son fruto de los desequilibrios de la naturaleza y se van cuando la naturaleza recupera el equilibrio, o en el peor de los casos no se van, pero la naturaleza (incluido las personas) crean nuevos mecanismos de defensa y hace que se pueda vivir y convivir con ellos. Nunca se ha encontrado la curación para ningún virus. Las medicinas que se aplican en vacunas contra virus buscan estimular el organismo para que se defienda y lo extinga o se acostumbre a él y no se deteriore.

Visto así, y teniendo en cuenta que somos seres sociales, que no nos podemos limitar a encerrarnos a esperar que nos lleven provisiones a las casas, ya que ningún sistema económico lo puede garantizar y que como decían los abuelos de antes “donde se saca y no se echa se acaba la cosecha”, nos corresponde poco a poco recuperar una nueva normalidad con nuevas conductas de respeto a la creación y a su creador.

Es necesario tener en cuenta que el ser humano tiene un alma que si se desconecta de Dios se marchita y acaba con el ser, tiene espíritu que envuelve toda la parte emotiva que si no se le atiende con relaciones sociales sanas y reales acaba con el ser, tiene un cuerpo que debe ser cuidado con sana alimentación, actividad física, medicinas, el descanso adecuado y un ambiente sano. Son 3 elementos del mismo ser, que se deben cuidar, descuidar uno y cuidar otro al final no trae buenos resultados. En consecuencia, la fe que se celebra en la Iglesia (comunidad y no individuo) se alimenta en los sacramentos y la Palabra de Dios, no pueden prescindir de la dimensión social que conllevan y a la cual se tiene derecho.

Como dice el adagio: “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, ni médico que lo cure ni enfermera que los asista”, esto es, en la parte de la recuperación y entrada en funcionamiento de la sociedad, por el bien común, y el derecho a la salud física, mental y espiritual, respetando los protocolos, hay que ir pensando en mecanismos, dialogados con el Estado, para que los templos entren a funcionar. Es verdad que no representamos un gremio económico, pero nuestro aporte es valioso y genera salud a la comunidad.

De acuerdo con la publicación de ACIPRENSA del 21 de abril de 2020, El presidente de la Comisión de Fe y Cultura de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), Mons. Víctor Fernández, propuso 13 medidas para reabrir las iglesias durante la pandemia del coronavirus para celebrar las Misas con asistencia de fieles reduciendo los riesgos de contagio. Estas medidas obligatorias son:

Que haya una distancia de dos metros entre las personas, tanto hacia los costados como hacia atrás y hacia adelante. Esto requerirá retirar o anular la mitad de los bancos de los templos.
Que no haya más de dos personas por banco.
Que una vez cubiertos los bancos de esta manera, no se acepte el ingreso de más personas.
Que en los templos donde suele haber mayor afluencia de gente se multiplique la cantidad de misas, de manera que los fieles se distribuyan entre el sábado y el domingo en diversos horarios. Dada la capilaridad y cercanía de los templos esto no incidirá en el transporte.
Que no se celebre la Misa con fieles en los santuarios más visitados debido a la dificultad para establecer allí un control de este tipo. En estos casos, sólo podrá invitarse, a puertas cerradas, a los agentes pastorales que cumplen servicios en la comunidad.
Que en la Misa no haya cola para comulgar, sino que los ministros se acerquen a las personas ubicadas en los extremos de los bancos y depositen la Eucaristía en la palma de las manos.
Que cada ministro que acerque la comunión se lave las manos previa y posteriormente con jabón y se coloque alcohol en gel.
Que se omita el saludo de la paz y todo contacto físico
Que las Misas no duren más de 40 minutos.
Que la salida del templo sea progresiva y se eviten los saludos.
Que no se tomen intenciones para la Misa en el momento y que sólo se reciban previamente por teléfono, mail o mensajes.
Que quienes por su edad estén impedidos de asistir puedan recibir la comunión en sus hogares.
Que se mantenga transitoriamente la dispensa del precepto dominical, de manera que las personas que prefieran extremar los cuidados no se sientan obligadas a asistir. De hecho, antes que se declarara la cuarentena la cantidad de asistentes a Misa ya había disminuido mucho de modo espontáneo.

Estas no son medidas, son propuestas que se deben dialogar. Por ahora oremos con paciencia, mantengamos la calma. Que el Dios de infinita bondad sane a todos los enfermos y nos preserve del Espíritu de enfermedad y de muerte.

Antonio Devia Méndez. Pbro.
Vicario Judicial

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