LA VALIDEZ DE LOS SACRAMENTOS EN MEDIO DEL COVID 19

En las actuales circunstancias en que todos vemos desvanecer nuestra cotidianidad, surgen interrogantes que ameritan respuestas inmediatas. Una de las preguntas que nos hacen los creyentes es si los sacramentos celebrados y transmitidos por diversos medios de comunicación conservan toda la validez y si quien los recibe puede quedarse tranquilo con ese método de recepción de los mismos.

Según el catecismo de la Iglesia católica (No. 1118) Los sacramentos son «de la Iglesia» en el doble sentido de que existen «por ella» y «para ella». Existen «por la Iglesia» porque ella es el sacramento de la acción de Cristo que actúa en ella gracias a la misión del Espíritu Santo. Y existen «para la Iglesia», porque ellos son «sacramentos […] que constituyen la Iglesia» (San Agustín, De civitate Dei 22, 17; Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q.64, a. 2 ad 3), ya que manifiestan y comunican a los hombres, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la Comunión del Dios Amor, uno en tres Personas.

Los sacramentos son signos sensibles, tangibles que comunican realidades espirituales, pero tienen un componente social, involucran personas, no se celebra un sacramento de manera individual, tienen una materia y una forma. Celebrados según las normas litúrgicas (ver rituales e IGMR) y normas canónicas (especialmente el libro IV del CIC 1983) tienen validez en sí mismos, basta que se celebren según la voluntad de Cristo y en el modo que la Iglesia lo ha dispuesto. Son los medios a través de los cuales Cristo santifica a su pueblo. El hecho de ser transmitidos por los medios de comunicación social no le quitan ni le poden validez. La efectividad y operatividad de los sacramentos, en gran parte depende del espíritu con el que se reciben y de cumplir un mínimo de requisitos que están al alcance de toda persona creyente de buena voluntad.

El primero de los sacramentos es la Iglesia misma, y como su nombre lo indica la Iglesia es necesariamente una comunidad de personas creyentes en Cristo, su accionar involucra personas que actúan en conjunto, en plural, personas que por el bautismo hacen parte de ella. Una sola persona, no es la Iglesia, es un miembro de la Iglesia. Por ello es tan importante entender y hacer entender al mundo que la Iglesia y sus acciones no se pueden circunscribir a pequeños actos individuales, sino que conllevan una colectividad. Y si bien en cierto los individuos hacen un camino de espiritualidad en un plano personal, carecer de una comunidad lo puede llevar a fracasar.

Ahora bien, para celebrar el bautismo, se requiere la presencia de quien bautiza, de quien recibe el bautismo y al menos un testigo o padrino, los libros litúrgicos adicionan otras medidas para el momento de la celebración que el ministro debe acatar y enseñar. Además, es esencial el agua y utilizar la formula “yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. De ordinario el ministro es el Obispo, el Presbítero y el Diacono. En caso de emergencia puede hacerlo una persona teniendo la firme intención de bautizar. En consecuencia, no es válido darlo ni recibirlo de manera virtual sin que esto implique una prohibición para publicar su celebración por los medios de comunicación.
La confirmación la confiere el Señor Obispo de manera presencial a quienes están preparados para recibir este sacramento. En algún momento el sacerdote autorizado por el Señor Obispo puede también hacerlo.

Sobre la Sagrada Eucaristía podemos señalar varios aspectos: la celebración transmitida sirve para aumentar la fe y cumplir el precepto o mandato de asistir a la Santa Misa en caso de estar impedido por enfermedad o moralmente no tener la capacidad de asistir como es el caso de los privados de la libertad o por confinamiento obligatorio, se permite recibirla de manera espiritual en estas situaciones.

La eucaristía la debe celebrar un sacerdote válidamente ordenado y que tenga la facultad canónica de parte del Obispo para presidir la Santa Misa, observando todas las normas tanto litúrgicas como canónicas. La comunión exige además unas formas de vida que el cristiano debe observar. Recordar que los ministros extraordinarios de la comunión pueden llevar la comunión a las casas a quienes lo requieran por motivos de enfermedad de acuerdo con las normas tanto litúrgicas como también de bioseguridad.

La confesión no se puede hacer a través de medios de comunicación, exige presencialidad y cumpliendo los requisitos para la buena confesión, el confesor y penitente (quien se confiesa) deben estar cerca. El sacramento se debe celebrar de manera secreta salvaguardando siempre el sigilo sacramental. Cualquier confesión a través de medios electrónicos carece de validez. La Iglesia permite que en ausencia de confesores se puedan dar absoluciones generales, que ante la imposibilidad de confesarse se pueda realizar un acto de constricción perfecta mientras llega el día de poder acceder a la confesión.

La unción de los enfermos como sacramento de sanación lo da el sacerdote al enfermo, exige un encuentro, y generalmente esta acompañado de la hostia consagrada. No se hace de lejos, no lo administra un laico. Los aceites sacramentales que tienen los laicos y con los cuales ungen a los enfermos no suplen el sacramento.

La celebración del matrimonio exige el encuentro de los contrayentes, la presencia del sacerdote o el diácono que da fe de la boda, además debe observar las normas canónicas y litúrgicas de celebración. Exige una preparación concienzuda, no se hace por cumplir un requisito de conciencia o pretender que una familia funcione sin el compromiso real. Es decir que nadie se casa de manera virtual o con un ministro virtual.

El Orden Sagrado tiene una preparación de varios años, y exige la presencia tanto de quien se consagra u ordena como también de quien le concede el Orden Sagrado, además de contar el mayor número de testigos posibles. Las manos del ministro deben tocar la cabeza del ordenando, el cual además en presencia de quien se ordena pronuncia la oración consecratoria.

Quiero así recordarles a todos los fieles que los sacramentos no se pueden virtualizar y que transmitirlos por los medios de comunicación sirve como testimonio de fe, sirve para crecer en el conocimiento y formación cristiana pero no puede ser la única costumbre de celebrar la fe y menos de vivirla. Apelo a que los gobernantes respeten la libertad de cultos y de conciencia incluyendo el aspecto comunitario de las mismas y devuelvan las libertades a los ciudadanos los cuales cumpliendo algunas medidas de prevención y salubridad las puedan ejercer. No es conveniente seguir privando de la vida espiritual a los pueblos con unas medidas de confinamiento extremas para contener un virus que ya no pudieron atajarlo.

Antonio Devia Mendez. Pbro.
Vicario Judicial

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*