Domingo, 2 de agosto de 2020 18º del Tiempo Ordinario

LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS (55,1-3):

En la vida del ser humano, ha habido momentos difíciles, debido a que no se encuentra la solución a la dificultad por ningún lada, pero es allí y en ese momento cuando el Señor actúa, y de manera especial cuando se acoge a él, cuando se le pide su ayuda, cuando se abre a su voluntad, cuando se le escucha con atención. Así lo experimentó el pueblo de Israel y hoy nosotros.

“Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David”.

Abramos el corazón a la acción del Señor, con la certeza que él, que nos ama infinitamente, nos ayudará . Confiemos en él.

SALMO 144: 

El salmo invita, a abrir las manos al Señor, con la certeza que él las sacia de favores, porque él es “clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad y es bueno con todos”. Además, “El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 8,35.37-39:

Cuando se ha vivido una experiencia significativa del amor de Dios, se podrá decir con el Apóstol: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

Hoy más que nunca, ante tantas dificultades espirituales, económicas, familiares y sociales, se está llamado a permanecer en su presencia, lo cual será posible, después de una experiencia vivida.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 14,13-21:

Jesús, para superar el dolor, la soledad y la angustia, se retiraba a lugares solos y tranquilos. Así lo vemos cuando recibe la noticia de la muerte de Juan el Bautista: “Se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos”.

Jesús, no sólo siente lástima por los enfermos, sino también por los que sienten hambre, tanto físico como del alma, por ello lo vemos dándoles de comer a todos en la multiplicación de los panes y de los peces.   Jesús “Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras”.

La invitación es, a ejemplo de Jesús orar siempre y en todo momento, a apartarnos a un lugar solitario a orar, ojala sea en el Santísimo, con la confianza que el Señor nos dará el alimento espiritual, material y todo cuanto necesitamos.

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