Domingo, 9 de agosto de 2020 19º del Tiempo Ordinario

PRIMERA LECTURA I REYES 19:9,11-13:

El mensaje de este texto ha de tocar los corazones e iluminarlos para que entiendan, como el profeta Elías, que muchas veces se siente a Jesús, no en el huracán, ni en el temblor, ni en el fuego, sino en el susurro suave de una brisa. Aprendamos a hacer silencia interior y propiciar espacios silenciosos para orar, escuchar al Señor y sentirlo en el corazón.

SALMO 85:9-14:

Amor, verdad, paz y Justicia, son el tema central de este salmo y son indispensables para encontrar la felicidad y la salvación.

SEGUNDA LECTURA ROMANOS 9:1-5:

Este texto nos permite ver el corazón noble de Pablo cuando expresa: “siento una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón. Pues desearía ser yo mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne”.

El Apóstol Pablo siente dolor el saber que sus hermanos están separados del amor de Dios y el no reconocer que Cristo está por encima de todas las cosas, ya que su deseo

es que todos lo conozcan, lo amen y lo sigan. Qué bueno sería que cada uno de nosotros tuviéramos los mismos sentimientos de Pablo, y esto será posible cuando haya una verdadera conversión en nosotros.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 14:22-23:

Es frecuente en Jesús, antes o después de una actividad subir a la montaña a orar a solas, como lo demuestra hoy el Evangelio: “Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí”. Luego de orar, lo vemos bajando de la montaña y caminando sobre el mar para acercarse a sus discípulos, lo que les causo miedo, pensando que era un fantasma, pero Jesús les hablo de inmediato: “¡Animo!, que soy yo; no temáis”, a lo que Pedro, dudando le responde: “si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas”, Jesús le responde: “¡Ven!”. Cuando Pedro empieza a caminar sobre las aguas y siente el viento y la violencia del mar, le entró miedo y empezó a hundirse, entonces grito: “¡Señor, sálvame!” y al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

Aprendamos de este evangelio a orar a solas, porque ésta será la fuerza para salir adelante ante los problemas de la vida y continuar sin desfallecer en la fe y tendremos esa sabiduría para pedirle al Señor como Pedro, “sálvame, Señor que me hundo” y el Señor no se hará esperar. Me ayudará sin tardar.

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