01 de noviembre Solemnidad de todos los Santos

Primera lectura Apocalipsis 7, 2-4. 9-14: En la celebración de la fiesta de todos los santos, todos estamos llamados a ser Santos, porque Jesucristo, es Santo y porque de él venimos y a él volvemos. Además, porque él murió en la Cruz, para rescatarnos del pecado y llevarnos al estado de perdón y de gracia. El sello nuestro es la Cruz de Cristo, en ella nos santificamos.

La narración de la visión de Juan, es un llamado a no hacer el mal y si hacer el bien, lo cual será posible, cuando tengamos a Cristo en nuestra vida. “vi a un ángel que venía del oriente. Traía consigo el sello del Dios vivo y gritaba con voz poderosa a los cuatro ángeles encargados de hacer daño a la tierra y al mar. Les dijo: ¡No hagan daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que terminemos de marcar con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios! Vi luego una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca; llevaban palmas en las manos y exclamaban con voz poderosa: La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.

Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, cayeron rostro en tierra delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza, se le deben para siempre a nuestro Dios”.
Concluye la visión diciendo: “Son los que han pasado por la gran persecución y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero”. Será posible ser santos, cuando acojamos a Cristo Crucificado en nuestro corazón.

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6: El salmista, en medio de la oración y la reflexión, exclamaba: “Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares él fue quien lo asentó sobre los ríos. ¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá estar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso”. A ejemplo del Salmista, estamos llamados a orar y a contemplar la grandeza del Señor, porque sólo de esta manera podremos decir que todo cuanto existe es obra de amor y de misericordia de Dios y lucharemos por tener un corazón limpio, puro, para agradar a Dios.

Segunda lectura 1 Jn 3, 1-3: Estamos llamados a purificar nuestro corazones, para conocer el amor de Dios y para sentirnos su hijos amados, así nos lo afirma el texto: “Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él. Cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tenga puesta en Dios esta esperanza, se purifica a sí mismo para ser tan puro como él. Que en cada uno de los sacramentos experimentemos el amor de Dios y que somos sus hijos muy amados.

Evangelio según San Mateo 11, 28: Meditar en este Evangelio nos lleva a entender que cualquier sufrimiento en esta vida es nada, y que vale la pena soportarlo, con tal de alcanzar el Reino de Dios. Así se lo enseñó Jesús a sus discípulos y a la muchedumbre, y hoy a nosotros, cuando dice: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”. Vale la pena darlo todo por alcanzar el Reino de Dios.

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