Hermanos todos. La más reciente carta encíclica del papa Francisco.

El pasado 3 de octubre, víspera de la fiesta de san Francisco de Asís, se publicó, justamente en Asís, Italia, la más reciente carta encíclica del papa Francisco intitulada “Fratelli tutti”, expresión italiana que puede traducirse al español como “Todos hermanos” (o “Hermanos todos”, si traducimos literalmente). El documento tiene como tema central “la fraternidad y la amistad social”.


En el número seis de dicha encíclica podemos encontrar el objetivo que se propone el papa con este documento: “Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras”. Proponer una fraternidad universal. Pasar de una utopía a un sueño que se hace realidad. Se puede afirmar que en esta encíclica encontramos todas las inquietudes y cuestiones que habitan en el corazón del pontífice con relación a la vida social de los pueblo, más aún, de la humanidad entera. De hecho, como acabamos de leer, el documento es presentado como una encíclica social, insertándose así en la doctrina y el magisterio social de la Iglesia.


La expresión “Todos hermanos” que da título a la encíclica está tomada del pensamiento y las enseñanzas de san Francisco de Asís, y es la que inspira el papa para escribirla. Tal vez por esta razón prefirió, para su publicación, ir hasta la tierra del mismo santo y elegir como fecha para darla a conocer, la víspera de su fiesta. Es de anotarse, además, que su anterior carta encíclica “Laudato sí” (Alabados seas mi Señor), en torno al tema de la ecología, sobre el cuidado de la casa común, fue también inspirada en el pensamiento del gran santo de Asís. “Este santo del amor fraterno, de la sencillez y de la alegría, que me inspiró a escribir la encíclica ‘Laudato si’, vuelve a motivarme para dedicar esta nueva encíclica a la fraternidad y a la amistad social”, afirma el papa en el numeral dos de su carta.


La encíclica se desarrolla en 287 numerales distribuidos en ocho capítulos, precedido de ocho numerales que operan como introducción y concluye con dos oraciones: “oración al creador” y “oración cristiana ecuménica”. El papa señala, en el numeral cinco, que en ella se recogen y se desarrollan los grandes temas que contiene un documento sobre “la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, firmado, conjuntamente con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, en visita realizada en febrero del año 2019.


También este, como otros documentos del papa Francisco, es un documento profético. Sabe él, como suele hacerlo en casi todos los documentos e intervenciones suyas, con su lenguaje cercano, de fácil comprensión y sin mayores elucubraciones filosóficas o teológicas, poner el dedo en la llaga. Destaca y exalta, a modo de anuncio, todo lo positivo o bueno que podemos encontrar en las interacciones sociales que se dan en los diferentes contextos locales o mundiales, pero al mismo tiempo, denuncia, con fuerza y claridad, todo lo negativo que destruye, que anula y divide, a comunidades, pueblos y naciones… a la humanidad misma. Propone como solución la apuesta por un proyecto de fraternidad y amistad social mundial fundamentado en el amor.


Llama particularmente la atención que el Papa habla en su encíclica de la pandemia que sufre el mundo por causa del coronavirus, Covid-19. Explica él mismo que, cuando estaba redactado este documento, “irrumpió de manera inesperada la pandemia” la cual “dejó al descubierto nuestras falsas seguridades” (No. 7). Afirma el papa que “más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente”. Concluye este numeral diciendo que “si alguien cree que sólo se trataba de hacer funcionar mejor lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad”. Se constituye así en la primera reflexión del magisterio que se hace con relación a este flagelo que hoy ha adquirido dimensiones mundiales y que apenas empezamos a comprender e interpretar.


Si bien la carta está dirigida, inicialmente, a todos los católicos, es un documento que puede ser leído, estudiado y consultados por todas las personas, indistintamente de su confesión religiosa; de manera especial deberían conocerlo todos aquellos que tienen una mayor incidencia en la vida social de los pueblos: los políticos, los líderes sociales y comunitarios, los trabajadores sociales, los artistas…


Hago la invitación a todos los católicos de la diócesis a conocer esta nueva encíclica del papa Francisco. A leerla, estudiarla, comentarla y sacarle el mayor provecho posible. No podemos olvidar que nuestra fe no es intimista, individualista o excluyente, todo lo contrario. Nuestra fe, en coherencia con el evangelio, se vive en comunidad, es incluyente, se manifiesta y se expresa en el servicio que hagamos a los demás porque en ellos encontramos rasgos de la presencia de Dios, presencia siempre misteriosa y bella. Y una vez que la conozcamos hacer nuestros los desafíos que allí nos propone el papa. Ese puede ser nuestro humilde aporte a un mundo mejor. Un mundo más humano, más fraterno. Un mundo donde quepamos todos.


John Jairo Valencia Marín, C.M. Pbro.
Rector. Seminario Mayor La Providencia.

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