28 de febrero de 2021 II DOMINGO DE CUARESMA

Génesis 22,1-2.9-13.15-18; Sal 115,10.15.16-17.18-19; Romanos 8,31b-34; Marcos 9,2-10:


Sin duda alguna, Abraham, el Padre de la fe, nos enseña que es mejor agradar y obedecer a Dios, antes que seguir nuestros propios apegos. Para él, no era fácil sacrificar a su hijo único, Isaac, pero el amor a Dios era más fuerte que al amor a su hijo y por ello con dolor, pero haciendo la voluntad del padre, está decidido a obedecerle, sacrificio que ve su Dios de buena manera, recompensándolo abundantemente; así no lo indica el texto del Génesis: “por no haberme negado tu hijo, tu único, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa”. Aprendamos a renunciar a nuestros propios apegos y a agradar más al Señor, cuya recompensa será la gloria de Dios y la vida Eterna.


Con el salmo digamos: “Yo soy tu siervo, tú has soltado mis cadenas, sacrificios te ofreceré de acción de gracias, e invocaré tu nombre Señor, cumpliré mis votos en presencia de todo el pueblo”. Dichas aclamaciones harán que confiemos más en el Señor y nos permitirá decir con el Apóstol Pablo: Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? ¿Quién nos podrá condenar? Nadie, porque Cristo murió y Resucitó por mí, para Salvarme, para darme la vida Eterna, para protegerme de los enemigos del mundo, del demonio y de la carne.


Pidamos la gracia del Señor, de poder cambiar, para ver la gloria de Dios, a ejemplo de Pedro, Santiago y Juan, que fueron valientes, dejaron sus redes, las barcas, los apegos del mundo, de su familia y siguieron a Jesús sin ninguna condición y hoy se ven premiados contemplando la transfiguración del Señor y escuchando la voz desde la nube: “Este es mi hijo amado, escuchadle”. La grata experiencia de Pedro le permitió tomar la palabra y decirle a Jesús: “Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

La verdadera conversión lleva a contemplar a Jesús, el deseo de quedarnos con él y el escuchar su voz. No dudar en dar el verdadero paso a la conversión en este tiempo de cuaresma, para poder contemplar la gloria del Resucitado.


Orlando Salazar Duque. Pbro. PhD

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