SAN JOSÉ, SEGÚN LOS EVANGELIOS

José” es un nombre muy común entre nuestros familiares y conocidos; fácil de traducir o descubrir cuando lo encontramos en otros idiomas; elegido por muchas personas porque se puede intercalar con otro nombre; y los apasionados por la etimología del nombre, encontrarán que su raíz es hebrea, traducido como “añadir” y religiosamente “Dios añadirá”. Pero, hoy, no queremos quedarnos en estos elementos del nombre “José”, en este artículo vamos a acercarnos a la figura de “San José”, desde algunos elementos que nos presentan las Sagradas Escrituras, más concretamente, los evangelios.


En primer lugar, resaltemos la figura de José como “un hombre judío”. Gracias a su procedencia del pueblo de Israel, se cumple las promesas mesiánicas del Antiguo Testamento. De ahí que los evangelios insistan en mostrar su descendencia de la Casa de David, por ejemplo, las genealogías (Mt 1,16 y Lc 3,23), los títulos de José, hijo de David (Mt 1,20), José, de la casa o familia de David (Lc 1,27; 2,4) manifiestan claramente la pertenencia a la dinastía davídica de donde debía proceder el Mesías para el Pueblo de Israel. Además, su ciudad de origen era Belén como podemos leer en el Evangelio según san Lucas “Y todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Y también José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David” (Lc 2,3-4). Su padre era Jacob (Mt 1,16) o Helí (Lc 3,23), se desconoce el nombre de la madre de José, pues recordemos que la cultura judía era patriarcal, por lo tanto, el linaje o pertenencia lo da el padre de Familia. Vemos entonces, la importancia de su origen judío y la pertenencia a la casta de David para el cumplimiento de las promesas mesiánicas anunciadas para el pueblo de Israel por boca de los profetas.


Un segundo elemento que podemos resaltar de José, su definición como “un varón justo” (Mt 1,19). Para el pensamiento semita el título “Santo” o “Bueno” era reservado solo a Dios, y para las personas cumplidoras de sus deberes como judíos se le llamaba “justo”. De ahí, comprendemos que cuando el evangelista llama a José “un varón justo”, hace referencia a un judío piadoso, cumplidor de las prescripciones religiosas de su religión, de experiencia y temor a Dios. Otros pasajes evangélicos muestran su observancia de la ley judía: La circuncisión (Lc 2,21); presentación en el Templo (Lc 2,22-27); la primera pascua de Jesús en Jerusalén a los 12 años (Lc 2, 41-50); custodio de Jesús (Lc 2,39-40. 51-52).


Una tercera característica que encontramos en José, el hombre trabajador: “el carpintero”. Tal vez, tenemos la imagen en nuestras mentes del carpintero de hoy, el hombre que hace mesas y sillas en madera, como vemos en las estampitas que nos regalan frecuentemente de José. El término “tekton”, puede ser traducido de diversas maneras al español, pero la connotación mejor, en mi parecer, sería “artesano”, aquel hombre que trabaja la piedra, la madera, construía las casas de la época y al mismo las surtía de los utensilios necesarios hechas en los materiales antes mencionados. Un verdadero artista que trabaja la piedra y la madera. Pero, sin quedarnos en este aspecto secundario del término, resaltemos mejor en San José, la figura del hombre trabajador, modelo para todos nosotros hoy, y que traducimos en Mateo como “el carpintero” (13,55).


En cuarto lugar, debemos presentar a José como “esposo de María”. Los evangelios hacen referencia al compromiso entre José y María con el término “Desposorio”, es decir, la etapa entre el pacto matrimonial y la vivencia juntos, y con la afirmación explícita “María estaba desposada con José” (Mt 1,18; Lc 1,26). Recordemos que cuando el ángel se le aparece a José tres veces en sueños según la versión Mateana: La primera vez para el anuncio de la paternidad de Jesús y la concepción milagrosa de María (1, 19-25); la segunda vez para la huida a Egipto (2,13-15) y la tercera vez para el regreso de Egipto y su residencia en Nazaret (2,19-23), José asume su obligación como un verdadero esposo y padre.


La quinta y última característica que presentamos, debe ser la más significativa desde el punto de vista de nuestra fe cristiana: “padre de Jesús”. Somos conscientes que la importancia de José y María radican en ser los padres de Jesús: el Salvador, el Mesías, el Hijo de Dios. Los evangelistas hacen referencia clara que en el pueblo de Israel tenían a Jesús como el hijo de José (Mt 13,55; Lc 2,48; 3,23; 4,22; Jn 1,45; 6,42). Su obediencia silenciosa a la voz de Dios a través del ángel y su función como verdadero padre de Jesús, hacen que reconozcamos en San José, el modelo de los padres de familia y el patronazgo de la Iglesia.


Con este artículo, hemos querido acercarnos a la figura de San José desde los evangelios y con las cinco características mencionadas: hombre judío, varón justo, carpintero, esposo de María y Padre de Jesús. Nuestra motivación radica, en la convocatoria del Papa Francisco para conmemorar los 150 años (8 diciembre de 1870) desde que el Papa Pio IX lo declaró “Patrono de la Iglesia Católica”, con un año dedicado a la figura de este gran Santo. Terminemos, pidiéndole a San José, que interceda siempre por nosotros.

Johnier Fernando Rojas Martínez, Pbro. c.m.
Rector Seminario La Providencia – El Espinal

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