TODO PUEDE SER MEJOR

Es ineludible tener pérdidas a lo largo de la vida. Esas pérdidas van ocasionando duelos. El duelo procede etimológicamente del vocablo latino dolium, que a su vez se deriva del verbo, doleo (dolerse). El duelo es la actividad y actitud de la persona ante la reacción emocional, espontánea y natural del sufrimiento producido por:

Pérdida de bienes, prestigio, posición, afectos, amores, amistad, identidad personal, autoestima, ilusiones, honor, verdad, posibilidades, salud, integridad corporal, raíces culturales, patria, trabajo…
Omisión de lo que no se pudo tener, ser, hacer, amar o ser amado.
Alejamiento o separación parcial o definitiva de alguien amado.
Muerte de seres queridos y la propia muerte cercana.

Hacer el duelo con cada una de sus etapas, es necesario para poder superar la pérdida y seguir adelante, es una tarea que exige sanación, una sanación que no es igual en todos, pues en algunos superar las pérdidas es más fácil, en otros es muy complicado, depende de lo que se perdió, de la experiencia de vida de cada uno, de la voluntad que se le pone, de las condiciones de salud, etc.

Para quienes han perdido sus queridos, la Iglesia propone la PASTORAL DE LA ESPERANZA, la cual consiste en acompañar y guiar si es necesario a quienes han perdido sus seres queridos, a quienes han tenido pérdidas significativas que han marcado su vida. Esta pastoral, aunque no está muy articulada en las Parroquias o instituciones eclesiales, de alguna manera se hace. sería conveniente poder articularla para que las familias puedan hacer resiliencia frente a tantas pérdidas y tan seguidas que se presentan en la actualidad.

En el caso del duelo por muerte de un ser querido, más allá de escuchar, de consolar, la misa exequial, el novenario, las misas cada mes, es indispensable acompañar. Un reto grande para la Parroquia poder organizar un grupo estable que se encargue de las familias que han perdido a sus seres queridos, especialmente en los primeros meses, pues se les acompaña en la enfermedad, pero después de la muerte del ser querido quedan solos en la mayoría de los casos.

Se requiere un centro de escucha, atendido por personas maduras, aunque sean jóvenes, con alguna formación en ciencias humanas, experiencia espiritual, deseosos de escuchar, acompañar, proponer terapias o remitir a terapeutas en caso de ser necesario. Es un grupo que ayuda a los fieles o a quien recurra por ayuda, a encontrar salidas a las encrucijadas que les plantea el duelo, la pérdida.

Para llevar a cabo esta tarea, existen libros y material formativo desde el punto de vista de la espiritualidad, de Psicología, de la Psiquiatría, la medicina. Pues quien se encargue de ayudar en la Pastoral de la Esperanza a través de los centros de escucha, deben además de su formación inicial tener una formación especifica para las tareas que van a desempeñar. La Delegación de la Pastoral de la Salud puede ayudar asesorar a quienes estén interesados en trabajar esta línea Pastoral.

Antonio Devia Méndez. Pbro

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