02 DE MAYO DE 2021

5º DOMINGO DE PASCUA

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 9,26-31; SAL 22 (21), 26B-27.28.30.31-32; PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN 3,18-24; EVANGELIO DE SAN JUAN 15,1-8.


En este quinto domingo de Pascua, la fi gura de Pablo, nos trae el mejor de los ejemplos, donde vemos que sí es posible la conversión, el cambio de vida y la experiencia de la presencia del Señor en nuestras vidas. En un primer momento, los apóstoles sentían temor de Pablo, pero cuando fue presentado por Bernabé y al escuchar su testimonio lo acogieron sin reserva. Así lo indica el texto. “Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor”. El testimonio y la predicación de las primeras comunidades cristianas, permitía que “la Iglesia gozara de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo las comunidades, progresaba en la fidelidad al Señor, crecía el número de los cristianos, siempre animada por el Espíritu Santo”.


Con seguridad, que si damos testimonio y predicamos el evangelio, nuestras comunidades cristianas crecerán en la fe y en al amor a Cristo y a la Iglesia y podremos decir con el salmo 22, “cumpliré mis votos delante de sus fi eles, en su presencia se postrarán las familias de los pueblos, me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura y contará su justicia al pueblo que ha de nacer”.

La primera carta del Apóstol San Juan nos llama hijos míos y como a hijos muy queridos nos invita a que nos amemos, no de palabra y de boca, sino de verdad y con obras y de esta manera nuestra oración será escuchada. Por otra parte nos invita a cumplir con los mandamientos y a amarnos los unos a los otros, tal como nos los mandó el Señor.

De esta manera podremos dar frutos, ya que el Evangelio de San Juan nos deja bien claro, cuando dice: “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”.

Que en este quinto domingo de Pascua, con un corazón contrito y humillado, pero con fe, amor y constancia, le pidamos al Señor, poder ser sus discípulos misioneros, para gloria de Dios, honra de la Iglesia y salvación de las almas.

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