HOMILÍA EN LA MUERTE DE UNA MADRE

Abril 25 de 2021

Acogemos en nuestra iglesia Catedral de Ibagué el cuerpo de mi querida madre Libia Flor Barbosa Vargas de Roa, y acogemos también a Ustedes mis queridas hermanas, sobrinos, familia en general, allegados y amigos que han compartido con ella su peregrinación hacia la casa de mi Padre celestial, la casa preparada por el mismo Señor nuestro Jesucristo.

Acogemos a todos Uds. queridos sacerdotes, religiosas, seminaristas, amigos y relacionados, que han compartido con nosotros momentos importantes de la vida.


Estamos aquí para orar con recogimiento, para ofrecer a mi madre un último testimonio de amor. Ella, como todos nosotros, sintió la necesidad de ser amada y de amar, de corresponder al amor, al ansia de vivir, de descubrir el horizonte de alegría y de paz; su historia ha sido una historia fundamentalmente de amor, de amor a Dios, a la Iglesia, a su familia, a los obispos y sacerdotes, de amor y simpatía hacia los demás.
Orar, confiada y humildemente, es un modo real de acompañar a mi madre más allá de la muerte. Porque la oración es la que nos pone en comunión con Dios; un Dios de vivos y no de muertos.


De muchas maneras habla nuestro Señor Jesucristo para llenar nuestra vida de esperanza y de consuelo: Nos Habla del descanso, del perdón, de la puerta abierta, de la casa del Padre en la cual hay muchas habitaciones…habitación para todos. Nos dice “Yo soy la Resurrección y la vida”; “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré”. “Yo soy el buen Pastor y conozco a mis ovejas”. “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino prometido”.
Todas estas expresiones consignadas en la Palabra de Dios nos llenan de fortaleza y de esperanza cristiana en este momento en que nos embarga la tristeza y el dolor por la separación física de mi querida madre.
Los versos de los místicos como santa Teresa de Jesús, nos llenan de esperanza y nos permiten ver la realidad de la muerte en actitud espiritualmente positiva: “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero, que muero porque no muero.”


Estamos seguros que al final de nuestro camino –como también al principio- está Dios. Un Dios que nos acoge, un Dios que nos recibe en Él. Un Dios Padre que nos ha creado por amor y nos salva, en Cristo su Hijo, también por amor. “El nos amó primero y entregó a su Hijo por nosotros para que tengamos vida y la tengamos en abundancia”.
Esta es nuestra fe. Allí donde algunos sólo descubren el final y la corrupción de la muerte, nosotros descubrimos, con los ojos iluminados del corazón, el inicio de una Vida nueva, glorificada y resucitada en Cristo Jesús.
En algún momento pensé para despedir a mi mamá en esta santa misa meditar textos que se refieren al encuentro del novio con la novia como leemos en el Cantar de los Cantares: “¡La voz de mi Amado! Helo aquí que ya viene… Empieza a hablar mi amado y me dice: “Levántate amada mía, hermosa mía y vente. Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido… Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado, él pastoreará entre los lirios. Encontré al amor de mi alma… le tomé y no le soltaré (Cantar de los cantares 2,8.10-11.3,4).


Mi madre ha ido al encuentro del Amado, al encuentro definitivo con el Creador; con Dios Padre, clemente, lleno de piedad y de misericordia. Es como una fiesta de bodas (y por eso hemos dispuesto estos arreglos florales en la iglesia, pues la novia va al encuentro del novio para su desposorio nupcial en la eternidad de Dios).


Agradezco a las personas que dispusieron estos arreglos de flores, con significado especial. No quiero dejar de referirme a ese detalle.
Los cartuchos o cala blanca. La palabra cala procede del griego Kalós, que significa bello, y es precisamente lo que representa esta flor: la belleza. Su significado es: pureza, compasión y simpatía.


La flor morada se llama: el delphinium, y significa la grandeza del corazón. También significa belleza. Este color también representa penitencia.
La cinta rosada tiene significado femenino.


Las hortensias que se han puesto en el altar, son flores de las novias y significan no sólo belleza, sino también gratitud. Es una flor que agradaba mucho a mi mamá.


Este es un homenaje a mi madre porque estamos despidiendo a una mujer cuyo corazón estaba lleno de pureza, de compasión, de simpatía. Una mujer con un corazón lleno de hermosura, y de muchas cualidades que conservamos en el recuerdo y silencio de nuestra mente y corazón. Es una despedida llena de luz, de esperanza, felicidad y armonía, porque es el día en que la novia vuelve a los brazos del Padre.


En mi meditación escogí, para proclamar hoy en la primera lectura, el libro de los Proverbios en el capítulo 13,10-31, que se refiere a la perfecta ama de casa, para dar gracias a Dios por Libia Flor Barbosa Vargas y Roque Roa Torres. Ellos construyeron una familia, que puede responder perfecta y positivamente a la pregunta: “Una mujer completa, ¿quién la encontrará? En ella confió toda la vida el corazón de mi padre. Se levantaba cuando aún era de noche para dar de comer a sus hijos. Recuerdo con inmensa gratitud sus madrugadas para no dejarme ir sin desayuno en mis salidas con objetivos pastorales al servicio de la Iglesia.


Muchos años trabajó como modista al servicio de sus hijas, nietas y personas particulares que la buscaban por su habilidad en actividades manuales. En cuanto podía abría su boca con sabiduría y daba lecciones de amor, muy importantes para la vida práctica. A veces un poco exagerada, pero siempre con acierto total. Siempre estuvo atenta a la marcha de su casa, con mayor razón en momentos de dificultades y necesidades económicas.


Era ella la que estaba atenta para responder a todas las necesidades de sus hijos y nietos. No le pedíamos directamente a mi papá lo que necesitábamos, porque ella respondía y pedía efectivamente para nosotros. Hoy como dice el texto sagrado: Nosotros sus hijos nos levantamos y la llamamos dichosa. Mi papá también estará haciendo su elogio desde la casa de nuestro Padre celestial diciendo: “¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas! Que en las puertas del cielo la alaben sus obras.
Doy gracias a Dios por mi madre, por sus casi noventa años de vida; por la gracia que le concedió de recibir el bautismo para convertirse en hija de Dios e incorporarse a Cristo; por su pertenencia a la Iglesia que vivió con entrega y compromiso. En algún momento colaboró en acciones de pastoral social, con los clubes de mejoramiento de hogar, a través de los cuales estuvo muy activa en una de mis parroquias; se consagró al Movimiento Secular Padre Luis Variara de la familia Salesiana según el carisma Victimal, de las Hijas de los Sagrados Corazones y mantuvo viva su sensibilidad por la visita a los enfermos. No se alejó de la práctica de los sacramentos, especialmente de la confesión y de la Eucaristía. Su devoción por el rezo del santo rosario fue constante, hasta cuando fue posible tenía la camándula en sus manos todo el día, rezando a la Santísima virgen María en su advocación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro por su hijo, sus hijas, por sus nietos y familia en general, por aquellos a quienes denominó durante muchos años sus otros hijitos: los sacerdotes de la diócesis del Espinal y de la Arquidiócesis de Ibagué, por varios de los cuales pedía y oraba con nombre propio.


Doy gracias a Dios, con mis hermanas, sobrinos y toda mi familia, por habernos permitido pasar junto a mi madre años hermosos de nuestra existencia. Junto a ella y a mi padre Roque Roa Torres, fuimos creciendo físicamente, en valores humanos y cristianos. Hemos edificado una vida familiar, a pesar de las limitaciones, en la unidad, en la responsabilidad, en el trabajo, en el esfuerzo y sacrificio para enfrentar las dificultades, siempre confiando en la Providencia divina.
Dios les premie a ellos dos por todos sus esfuerzos, desvelos y sufrimientos para sacar adelante a su familia. Nos queda el legado de su fe, esperanza y amor, que vamos a mantener firme con la ayuda de Dios.


Hermanos: estamos convencidos que lo mucho que ha sufrido mi mamá tiene sentido. Le pedí que por favor no dejara de unir su dolor, al sufrimiento de Jesús en la Cruz; que renovara su consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María; le pedí que hiciera realidad la vivencia del carisma salesiano victimal por su consagración al Movimiento Secular padre Luis Variara. Y aunque el dolor de su cuerpo, en algún momento fue insoportable, padeció con paciencia, con resignación, con inmenso amor a Dios y a sus hijos testigos del sufrimiento causado por la enfermedad que arrebató su vida de este mundo temporal.

Gracias a Dios tuvo la fortuna de comulgar todos los últimos días de su vida; tuvo la bendición de prepararse espiritualmente para el encuentro definitivo con nuestro Padre celestial, recibió varias veces (en sus últimos días de vida) la unción de los enfermos y la absolución sacramental acompañada de las debidas indulgencias, la vimos rezando el santo rosario, con camándula en mano casi las veinticuatro horas del día hasta cuando le fue posible ofrecer sus oraciones al cielo.

Agradecemos de corazón los detalles de todos ustedes con mi madre y mi familia, especialmente en estos días. Dios les pague por sus llamadas, por sus mensajes, por los arreglos florales, por sus oraciones y cercanía física y espiritual, Gracias a los médicos y enfermeras que la asistieron y acompañaron muy de cerca, durante todo su tratamiento. Gracias a quienes facilitaron la consecución de citas médicas, de medicamentos, a quienes colaboraron en transportes de un lado para otro, en fin, son tantos los motivos que tengo para decirles gracias, que faltan palabras y personas por mencionar. Les ofrezco como gesto de gratitud en mi nombre, en nombre de mi querida mamá, de mis hermanas, sobrinos y familia en general, oraciones y bendiciones especiales, en los días del novenario.


Queridos sacerdotes, religiosas, Familiares, amigos, fieles presentes oremos por mi mamá. Gracias por estar aquí, por venir a acompañarnos en este momento de inmensa tristeza, pero lleno de esperanza cristiana. Es un gesto noble, de su parte, es un gesto cristiano, es un acto de fe, de amistad y de amor para con ella, y con nosotros. Encomendémosla con confianza a las manos del Padre del cielo, que la ha amado desde siempre y sigue amándola en el seno de su Reino. “Que así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, Buen Pastor comparta también con él la gloria de la resurrección”.


La Santísima Virgen María y San José la pongan en las manos de nuestro Señor Jesucristo para que él la lleve a la presencia de nuestro Padre celestial a quien pedimos la reciba en su casa y le conceda la habitación que tiene preparada para ella en el cielo, desde la creación del mundo.
Querida mamá nos encomendamos a tu intercesión en la presencia del Padre. Desde cielo no dejes de enviarnos tu bendición.

+Orlando Roa B.
Arzobispo de Ibagué

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