SAN JOSÉ, EL HOMBRE TRABAJADOR

Mientras, que la sociedad celebra el primero de mayo “el día internacional de los trabajadores”, en reivindicación de la lucha de los mártires de Chicago que pedían 8 horas de trabajo al día, en una manifestación iniciada un 1 de mayo de 1886, y que por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, se empezó a celebrar a nivel internacional; la liturgia de la Iglesia celebra la memoria de San José Obrero, en esta misma fecha por decisión del Papa Pio XII en 1955, a fin de que este gran santo con su ejemplo manifieste la dignidad del trabajo humano y asegure la protección a todas las uniones de trabajadores. Por tal motivo, en este artículo queremos centrarnos en la figura de San José, como un hombre del trabajo.


Popularmente, hemos hablado de José, como el carpintero, debido a dos relatos que hablando de Jesús nos dicen: “¿No es éste el hijo del carpintero?” (Mt 13,55), y “No éste el carpintero, el hijo de María…” (Mc 6,3). Ambos textos manifiestan que la profesión de la carpintería era base en el hogar de Nazaret, compuesto por Jesús, José y María. Pero, ¿En qué consistía la carpintería en aquella época? ¿Aprendió Jesús la carpintería? ¿Por qué carpinteros en Nazaret? ¿Qué nos enseña hoy José como un hombre trabajador?


Tal vez, tenemos la imagen en nuestras mentes del carpintero de hoy, el hombre que hace mesas y sillas en madera, como vemos en las estampitas que nos regalan frecuentemente de José. Los estudios más actuales manifiestan que el término “tekton”, puede ser traducido de diversas maneras al español, pero la connotación mejor, en mi parecer, sería “artesano”, aquel hombre que trabaja la piedra, la madera, construía las casas de la época y al mismo las surtía de los utensilios necesarios hechas en los materiales antes mencionados. Un verdadero artista que trabaja la piedra y la madera, más similar a un albañil o artesano que a un carpintero hoy.


Por lo regular, el carpintero trabajaba en su casa, allí tenía su taller. En este sentido es lógico, que Jesús el hijo adoptivo de José, aprendiera en su hogar el mismo oficio de su padre, de allí que fuera no solo conocido como “el hijo del carpintero”, sino como “el carpintero”. Así pues, José y Jesús fueron carpinteros, pero hay algo más importante que eso; con su oficio dignificaron y santificaron el trabajo humano.


Para justificar la presencia de estos carpinteros en Nazaret, tenemos como referencia el texto bíblico según San Mateo que nos dice que José, avisado en un sueño por el ángel, que en Judea reinaba un sucesor de Herodes el grande, se fue a vivir a región de Galilea, a una ciudad llamada Nazaret (cfr Mt 2,22-23). Pero, debemos agregar, que las últimas excavaciones arqueológicas han revelado que Nazaret era prácticamente un poblado muy pequeño y que dudosamente hubiese trabajo para poder vivir de la carpintería. Por eso, se hace confiable los datos que relacionar a Séforis, lugar donde probablemente residía Herodes Antipas que reinó entre los años 4-39 d. C en Galilea y Perea, es decir durante la vida de Jesús de Nazaret, y que este Herodes había embellecido y fortificado, necesitando el trabajo de muchos carpinteros. De ahí, que Nazaret era una aldea bastante cercana a Séforis (5 o 6 Km), donde perfectamente estos dos carpinteros (José y Jesús) subían a ejercer su oficio.


Con este artículo, hemos querido acercarnos a la figura de San José el hombre trabajador, que se convierte en modelo para todos nosotros hoy: modelo para los padres de Familia que a través de sus diferentes oficios luchan por el sustento diario de su hogar; modelo para los jóvenes que aprendan que los proyectos en la vida se construyen con el trabajo día a día, y no buscando adquirirlos de manera fácil y hasta ilícita; modelos para los empresarios y jefes que deben ejercer la justicia social con el pago justo y de las obligaciones que acarrean el contratar un trabajador; modelo para las autoridades gubernamentales para que busquen que todos los ciudadanos tengan un trabajo digno como un derecho adquirido; modelo para los trabajadores que con sus aptitudes y honestidad ejerzan su trabajo como un derecho y deber social; modelo para las asociaciones de trabajadores que como San José luchen por el bienestar del trabajador, la familia y la sociedad; y un ejemplo para todos, haciéndonos conscientes que “el trabajo dignifica la hombre” según el filósofo Carlos Marx, o como lo expresa la encíclica laborem excercens de San Juan Pablo II en el año 1981: “el trabajo es una vocación universal… el trabajo es “un bien del hombre, -un bien de su humanidad—, porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido «se hace más hombre» (L. E No 9).

Johnier Fernando Rojas Martínez, pbro. c.m.
Rector Seminario Mayor La Providencia – El Espinal

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