PRIMERA CARTA PASTORAL SOBRE LA DIGNA CUSTODIA A JESÚS SACRAMENTADO.“LA ADMINISTRACIÓN DE LA SAGRADA COMUNIÓN”

  1. Para recibir dignamente la comunión sacramental hay que estar en gracia de Dios.
    Así lo ha enseñado siempre la Iglesia (Cf. Cat. Igl. Cat 1415; CIC can 915), a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse. En ese caso se debe hacer un acto de contrición perfecta con el propósito de confesarse cuanto antes (Cfr. CIC can 916). Esta doctrina esencial de la Iglesia no ha sido modificada, ni se le han puesto excepciones, pues comulgar conscientemente en pecado mortal es cometer sacrilegio y hacerlo es comer la propia condenación (Cfr. 1Cor 11,27). Es importante, por tanto, instruir a nuestros fieles al respecto, pues en esto he comprobado que hay bastante ignorancia y desinformación, sobre todo en aquellos que viven en unión libre.
  2. El ayuno eucarístico para el sacerdote y para los fieles, es una norma vigente (CIC can 919,1). Es una medida de respeto, veneración y preparación para recibir en la boca al Pan que nos da la vida eterna, el cual no se transforma en nosotros por la digestión, sino que nos transforma en él sobrenaturalmente, santificándonos. Actualmente el ayuno eucarístico es de una hora antes de comulgar. Se exceptúan las medicinas.
    Recordemos que poder recibir la comunión eucarística no es nunca un derecho, sino un don que depende de la infinita caridad que Dios nos tiene y por lo tanto debemos prepararnos bien para recibirlo.
  3. No está prohibido comulgar de rodillas y hay que tratar con todo respeto a quienes con devoción lo hacen. No obstante, el sacerdote, con delicadeza puede advertirle que no lo haga, a algún adulto mayor que pretenda arrodillarse y se le dificulta, pero nunca debe negarle la comunión a quien se arrodilla, lo cual sería una gran falta de respeto y caridad al feligrés, pues, el sacerdote nunca puede negar un sacramento a quien consciente y dignamente lo solicite. De todas maneras, hay que educar a los fieles para que, como gesto de adoración a la Divina Eucaristía, antes de comulgar basta con hacer una inclinación respetuosa de cabeza y evitar santiguarse una vez haya recibido la comunión, pues no hace falta y además sucede con frecuencia que al hacerlo, se enreda con el copón o la patena.
  4. Recibir la comunión en la mano es una forma extraordinaria de comulgar prevista por la liturgia desde la reforma litúrgica del Vaticano II (la forma ordinaria y habitual debe ser en la boca) pero recomendada – nunca obligada – en la actual situación de pandemia, la cual exige preparación por parte del feligrés. En primer lugar, debe acercarse con las manos bien limpias, sin cargar nada en ellas, en caso contrario el sacerdote debe dar la comunión en la boca. El fiel debe o colocando la izquierda sobre la derecha para que el ministro coloque la Santa Hostia en la palma de la mano y el fiel la lleve a la boca tomándola con la derecha. Este movimiento debe hacerlo delante del ministro, de modo que este pueda comprobar que efectivamente comulgó. Ambos deben estar muy atentos a que no se pierda ni la más pequeña partícula consagrada.
    Nunca el fiel debe tomar la hostia del copón, ni siquiera por ser sacerdote o religioso(a), el único que lo hace es el que ha consagrado las especies ya sea presidiendo o concelebrando. Cuando pasa a comulgar un sacerdote que ha estado presente en la misa, pero no ha concelebrado, debe recibir la comunión de manos de un sacerdote que ha participado en la consagración de las especies o del diácono que está sirviendo en la liturgia, pues la comunión no es un «autoservicio”, sino la recepción de un don.
  1. Miguel Fernando González Mariño
    Obispo del Espinal

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