EL PAPA FRANCISCO CREA UN «MINISTERIO» DE CATEQUISTAS PARA LOS LAICOS: SER CATEQUISTA ES UNA VOCACIÓN.

Asumieno el reconocimiento formal de «aquellos hombres y mujeres laicos que se sienten llamados, en virtud de su bautismo, a cooperar en la labor de la catequesis», el Papa Francisco ha establecido el «ministerio del catequista». Con las palabras “Antiquum ministerium” inicia el Papa Francisco su motu proprio , por el que instituye el ministerio laical de catequista (10 mayo 2021); expresión que significa que el ministerio de catequista en la Iglesia es muy antiguo. Después de que muchas voces insistieran en que se reconociera la tarea del catequista en la Iglesia, finalmente, el Papa Francisco, dio este paso.
En efecto, la institución del ministerio de catequista se inserta en el mismo camino del directorio para la catequesis, recién publicado en marzo de 2020, en el contexto amplio de la Nueva Evangelización, que el mundo globalizado requiere hoy. En su documento, el Papa Francisco señaló cómo los maestros de la fe estaban presentes desde los primeros días de la comunidad cristiana y se les reconocía un don especial del Espíritu Santo para llevar a cabo su papel dentro de la comunidad. De esta manera los laicos se sienten llamados al ministerio de catequistas en donde participan activamente de la vida de sus comunidades, a la fidelidad del evangelio y a la enseñanza de la Iglesia.
Pues es así que, el Papa, insiste en que deben recibir «una adecuada formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica, para ser comunicadores competentes de la verdad de la fe». También afirma, la institución formal de los catequistas, debe ser un signo y un estímulo para que todos los católicos laicos reconozcan, «aún más el compromiso misionero propio de todo bautizado, un compromiso que, sin embargo, debe llevarse a cabo de manera totalmente «secular», evitando cualquier forma de clericalización». (Motu proprio “Antiquum ministerium”)
Por otro lado, ser catequista es responder a un llamado. Es Dios quien toca al corazón de la persona y le pide que hable en su Nombre. Es una vocación de vida, una misión, un reto que implica una enorme responsabilidad de hablar de LA VERDAD y con la verdad; y aún más importante, VIVIR EN LA VERDAD (C.C.I. 2465), es decir, con congruencia, sin hipocresías. Ser catequista es una invitación personal de Dios, a la cual hay que responder con amor y prontitud, porque, “la mies es mucha, pero los obreros pocos”.
El catequista, no sólo realiza su tarea en nombre de Dios y ofrece sus servicios a los hombres movidos por su amor al Señor y por la inspiración que siente en lo profundo de su mente y de su corazón (E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, CCS, Madrid 1991, 12.), sino también, se siente y es miembro de la Comunidad de Jesús. El catequista, no sólo actúa, sino que anuncia el mensaje en nombre de la Iglesia; está inserto en la comunidad cristiana y se convierte en portavoz de la misma. El catequista, se siente enviado por una comunidad de hermanos, para hacer a los demás, participantes de la riqueza de familia, que proviene de Jesús.
Por consiguiente, podemos decir que el ministerio del catequista, es esencial en la Iglesia, porque es esencial en la apostolicidad. En muchos sentidos, el término «ministerio» se ha convertido en sinónimo del trabajo vocacional de un pastor, el misionero que enseña y que transmite la fe con su vivencia. En realidad, ser catequista es una de las tareas más importantes y valiosas que Dios le puede encomendar a una persona, le confía en sus manos la formación de almas, generalmente, las de niños. De ella y obviamente de sus padres, aprenderá lo que realmente es amar a Dios, para alcanzar la plenitud y la vida eterna.
Finalmente, la misión del catequista en la Iglesia, es tan importante, que el Motu proprio realizado por el Papa Francisco, establecerá formalmente el ministerio del catequista, desarrollando esa dimensión evangelizadora de los laicos deseada por el Vaticano II. De esta manera, el Santo Padre pidió a la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, publicar en breve el rito de Institución del ministerio laical de catequista; a las Conferencias Episcopales, a hacer efectivo el ministerio de catequista, estableciendo el necesario itinerario de formación y los criterios normativos para acceder a él, encontrando las formas más coherentes para el servicio que ellos estarán llamados a realizar, en conformidad, con lo expresado en la carta apostólica.

Fernando José Bermúdez Rojas. Diácono de la Diócesis del Espinal, Tolima

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