SAN JOSÉ, CUSTODIO DE LA VIDA

Vivimos en una sociedad donde se ha perdido el respeto por la vida, se intenta menospreciar y destruir este don sagrado, desde el nacimiento (con el aborto) y hasta la muerte (con la eutanasia). Al mismo tiempo, nos creemos los dueños de la vida de los demás, por eso, escuchamos en las noticias, muertes por doquier. Podemos, agregarle, que también la injusticia social, la desatención a los mayores, la falta de alimento para los pobres y desplazados, el tráfico de personas, el pésimo servicio de salud para la mayoría de habitantes y la paternidad irresponsable, entre otros, son el pan de cada día. Más aún, no valoramos nuestra propia existencia, atentamos contra nuestra vida con el suicidio, la drogadicción, el alcoholismo y demás vicios que perjudican no solo nuestro cuerpo sino toda nuestra existencia. Todo esto y muchas cosas más, son signos de una cultura de la muerte.
En este artículo titulado “san José, custodio de la vida” queremos ver en la figura de este gran santo, un hombre amante y defensor de la vida en todo momento y circunstancia. Partamos diciendo, que el término “custodio” hace relación directa a cuidado, vigilancia, supervisión, asistencia, acompañamiento, protección, entre otros sinónimos. De ahí, que, en San José, encontramos que estas formas de entender “la custodia” se hicieron realidad en la familia de Nazaret, y quisiéramos resaltar cuatro momentos especiales de este gran defensor de la vida.
Seguramente, José como todo judío deseaba tener un hogar bien constituido, anhelando ser padre y progenitor. Y así, lo manifiestan los evangelios al hablar que “María estaba desposada con José” (Mt 1,18; Lc 1,26), pero al darse cuenta que María, su comprometida estaba embarazada, “José que era un hombre justo resolvió repudiarla en secreto” (Mt 1,19) y no denunciarla como infiel o adúltera, para que fuera lapidada según la ley de su época. He aquí, el primer momento de José, como un defensor y guardián de la vida de María y del ser que ella lleva en su vientre.
Continuando con los relatos evangélicos, vemos que avisado en un sueño, un ángel le manifiesta que no tema en asumir la responsabilidad de padre y esposo, porque el hijo que lleva María en su vientre es fruto del Espíritu Santo. Al despertar dice el texto “José hizo como el ángel le había ordenado y tomó consigo a su mujer” (Mt 1, 24). He aquí, el segundo momento de José como un verdadero custodio de la vida, al asumir dicha misión y responsabilidad con obediencia, por amor y en beneficio de María y Jesús. El Papa Pablo VI comenta este momento diciendo: «San José inmediatamente puso a disposición de los designios divinos su libertad, su legítima vocación humana, su felicidad conyugal, aceptando la condición de la familia, la responsabilidad y el peso, y renunciando por un incomparable y virginal amor, al amor conyugal, que es el fundamento y alimento, para ofrecerse así, con sacrificio total, toda la existencia de las imponderables exigencias de la sorprendente venida del Mesías «(Homilía del 19 de marzo de 1969).
Después del nacimiento de Jesús leemos en el Evangelio de Mateo que “Jesús” corre peligro porque el Rey Herodes busca para matarlo (Mt 2,13), nuevamente José avisado por un ángel, hace todo lo que éste le indica a través de los sueños, viajando a Egipto y, después de la muerte de Herodes, regresa a Israel, pero instalándose en la región de Galilea, porque Arquelao reinada en Judea y temió por la vida del niño. Este es un tercer momento de la excelente custodia de José, como custodio de la vida.
Después de la primera pascua de Jesús en Jerusalén, a los 12 años, según la costumbre judía, el evangelista Lucas manifiesta que “Jesús volvió a Nazaret y vivió sujeto a ellos” (Lc 2,51). Lógicamente, “ellos” son José y María. Aquí debemos, ver como José, cumplía plenamente con su función de “custodio” de la vida de Jesús y de María, en la observancia de su responsabilidad como Padre y esposo, con las distintas obligaciones como custodio legítimo, cabeza y defensor de la Familia de Nazaret. Este es nuestro cuarto momento ejemplar.
Con lo dicho hasta aquí, podemos ver a José como el modelo de custodio de la vida, según las características que enunciamos al inicio del artículo de lo que sería la palabra custodio: cuidado, vigilancia, supervisión, asistencia, acompañamiento, protección. Y como dijo Monseñor Miguel Crabejos, Presidente del CELAM (Conferencia Episcopal Latinoamericana) en video mensaje, el 19 de marzo de 2021 en la solemnidad de san José: “es un testimonio vivo que nos alienta a ser, como él, custodios de la vida que nos ha sido confiada: la de nuestras familias, la de nuestros hermanos y hermanas más necesitados, la de la Creación”, y nos enseña “a ser una Iglesia en salida, itinerante, para cumplir mejor los designios de Dios”.
En un mundo que a veces parece ser anunciador de la cultura de la muerte, debemos seguir el ejemplo de San José para ser “custodios”, defensores, guardianes de la vida. Esto puede ser posible, si luchamos contra tanta injusticia social; si nos convertimos en los promotores del “sí” a la vida, “No” al aborto; si pensamos en el hermano hambriento y en el anciano desamparado; si se nos prestan mejores servicios de salud a todos: si respetamos la vida propia y la de los demás; si respetamos nuestro cuerpo y no atentamos con tantas drogas que nos destruyen; si luchamos por el respeto de los menores y las mujeres, en contra del maltrato familiar; si los padres y madres asumen como un regalo de Dios la vida de sus hijos, asumiendo la paternidad y maternidad de manera responsable; en fin, si somos como san José “Custodios de la vida” defendiéndola protegiéndola, cuidándola, custodiándola y sobre todo amándola como un don sagrado. Pidamos a Dios que haya muchos custodios de la vida en este mundo y especialmente en nuestro país y en nuestra diócesis a ejemplo de san José.

P. Johnier Fernando Rojas Martínez, c.m.
Rector Seminario La Providencia – El Espinal

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