CARTA A LAS FAMILIAS DE LA DIÓCESIS DE ESPINAL CON OCASIÓN DEL AÑO DE LA FAMILIA.“ALEGRÍA DEL AMOR”

“La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia”
(Amoris laetitia 1)

Muy queridas familias de la diócesis de Espinal:
Reciban mi más cordial y paternal saludo. Con mucho cariño, pensando en cada uno de los hogares que conforman nuestra diócesis, les escribo este sencillo mensaje para invitarlos a vivir el Año de la Familia que el Papa Francisco ha querido que se celebre en el mundo entero desde el pasado 19 de marzo hasta el 22 de junio 2022

El motivo de este año de la familia es la celebración de los 5 años de la publicación de carta del Papa en forma de Exhortación Apostólica, titulada «Amoris laetitia» que significa «La alegría del amor», la cual comienza con estas palabras: “La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia». Esto significa que la familia es la fuente de alegría de la Iglesia y por consiguiente del mundo entero, y esa es una gran verdad. Por eso podemos decir que, cuando la familia tiene problemas y no los resuelve, el mundo tiene problemas, pero donde hay familias sanas habrá una sociedad sana, capaz asumir con alegría y esperanza los retos que la vida les presente.

  1. LA FUERZA TRANSFORMADORA DEL HUMANO

¿Para qué se casan un hombre y una mujer católicos?

Para santificarse. Para ayudarse mutuamente a llegar al cielo. Es lógico: cuando el amor es verdadero siempre y no se contenta con hacer feliz a la persona amada solo por un tiempo, sino que quiere que sea feliz para siempre. Pero como ese deseo es humanamente imposible de cumplir, entonces se dan cuenta que necesitan la ayuda a Dios ¡y lo más maravilloso es que la reciben!

El sacramento del matrimonio, por ser una realidad de origen sobrenatural, porque es un “invento de Dios” y no de los hombres, no depende de la cultura ni de las leyes del país. Posee una fuerza capaz de transformar el amor humano en amor divino. Jesucristo, a través del sacramento del matrimonio le da a la pareja que se casa, una ayuda que es superior a todas su fuerzas, deseos y capacidades humanas. Reciben la gracia del sacramento que Él mismo instituyó para que se conviertan en “esposos”, -no en simples compañeros, y viviendo juntos sean una sola carne (Cf. Gen 2,24), formando una unidad tan poderosa que sólo puede realizarla Dios y que, por eso “el hombre no podrá separar” (Mt 19,6).

Por eso decimos que el sacramento del matrimonio posee la capacidad de transformar el amor humano en amor sobrenatural, cosa que es imposible para cualquier otro modo de matrimonio, ya sea civil o de otra religión. Es significa que el hombre y la mujer que se casan puede amar no solo con sus capacidades humanas de deseo, esfuerzo, paciencia, cariño, etc., sino con el mismo amor de Dios. De este modo, esa voluntad diaria de amarse y respetarse tal como se prometieron en la boda se convierte en el principal medio que tienen para santificarse, de tal modo que todos sus gestos de fidelidad, cariño, bondad, paciencia e incluso su actividad intima de esposos, se convierten en actos de fe y confianza en Dios, actos santos y santificadores.

  1. FAMILIAS CON FE Y FAMILIAS SIN FE

A veces nos parece que los problemas vinieran de la sociedad, no de la familia, pero si lo pensamos bien, toda persona pertenece a una familia y si en esa familia hay problemas y dificultades y no se vive la fe ni la esperanza ni la caridad, padres e hijos sufren y hacen sufrir a los demás, los problemas se agrandan y se multiplican al proyectarlos a la sociedad y esta se va dañando más y más. Toda persona que promueve ideologías, modas, políticas o cualquier tipo de costumbres que dañan a la familia lo hace porque ha sufrido conflictos en su propia familia -sea como causante o como víctima- que no ha sabido resolver.

Cuando se vive en el amor de Dios, las dificultades y dolores se dividen y se reparten, unos ayudan a llevar las cargas de los otros, nadie queda solo y siempre con paz y paciencia, con fe y esperanza, se encuentra la solución, porque, “para los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rom 8,28).
Cuando hay amor en la familia las penas se dividen porque se apoyan los unos en los otros y en cambio, las alegrías se multiplican porque se comparten. No cabe duda: Es la familia la que construye la sociedad y no al revés. Eso es tan cierto que cuando una familia que tiene una rica vida espiritual vive en medio de una sociedad conflictiva violenta o corrupta, es capaz de convertir ese mal que la rodea en perdón, caridad, y servicio, llegando a un filtro purificador de ese ambiente contaminado
Nuestra diócesis necesita hogares santos, luminosos y alegres, para poder tener una sociedad sana y un mundo en paz, donde se valore, respete, y proteja la vida y la dignidad de cada persona, desde los más pequeños indefensos que están aún en vientre materno, hasta ancianos y enfermos que se hallan más necesitados da cariño y ayuda de los demás.

Carta a las familias de la diócesis de espinal con ocasión del año de la familia. “ALEGRÍA DEL AMOR”
Miguel Fernando González Mariño
Obispo del Espina
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