José y el Silencio Teológico.

Tal vez para algunos el silencio puede significar: ausencia de sonido, abstención al hablar, una nota en el pentagrama musical que no se ejecuta, momentos de reflexión, estado de interiorización y hasta una manera de comunicación o de transmitir un mensaje a alguien. Por lo tanto, el silencio puede ser interpretado de acuerdo a la óptica de la persona o a la lectura circunstancial.
Tradicionalmente nos han enseñado que San José es el hombre del silencio, porque en la Biblia “habla poco” o mejor dicho “nada”; de hecho, no tenemos frases de este santo en los relatos evangélicos. Debo decir, que el silencio de san José no es simplemente una ausencia de sonido, no es una mera abstención de palabras, no es un callarse sin razón o por estado de ánimo; el silencio de San José tiene su objetivo y enseñanza, de lo contrario: ¿Cómo entender que el silencioso José siga hablando a tantas personas en el mundo?
Tal vez, el silencio del “Carpintero de Belén” es un anuncio en un lenguaje teológico como: figura del Padre Celestial, vida interior, ejemplo de vida e interpelación hoy. En este artículo, quisiera que desarrolláramos estos cuatro aspectos del silencio de San José.
En San José algunos autores han querido ver la figura del Padre Celestial para Jesús en la tierra; y en su silencio, el silencio del mismo Padre de los Cielos, pues en los momentos de revelación de la misión del Hijo, como en los relatos del Bautismo y la transfiguración, la voz venida del Cielo expresa “Este mi Hijo amado, en quien me complazco…Escuchadle) (Cfr Mt 3,17; Mc 9,8); es decir, El Padre Celestial hace silencio para que sea el Hijo quien lo revele (Lc 10,22). El silencio del Padre Celestial y el silencio de San José podríamos decir tiene un fin teológico: la revelación del Padre por medio de Jesús, y su presencia silenciosa.
Sigamos con otros datos que podrían corroborar esta hipótesis: El himno de las primeras vísperas de la solemnidad de San José lo llama “réplica humilde el eterno Padre”. En el año 1680 François- Louis d´Argentan en “las conferencias sobre las grandezas de la Virgen María” afirma que José “es la sombra del Padre” y que el escritor Jan Dobraczynski titula uno de sus libros “la sombra del Padre” (1977) refiriéndose a san José. El fray franciscano Adauto Schumaker en un manuscrito del 19 de marzo de 1897 afirma claramente que san José es “la personificación del Padre”. San Juan Pablo II en la exhortación apostólica (1989) “redemptoris custos” en el numeral 8 reconoce en la paternidad de José una vocación y una participación en el gran misterio de la Redención como verdadero “ministro de salvación”, citando a San Juan Crisóstomo. Joseph Ephraim escribe en su libro “un padre para el nuevo milenio” de 1996 que “El Padre, misterio invisible en su persona, escogió a José para que fuera su imagen en la tierra”. Leonardo Boff en su libro San José, Padre de Jesús en una sociedad sin padre de 2005 le dedica un capítulo titulado “El Padre Celeste en el padre terreno”. Y el Papa Francisco en la carta apostólica “patris corde” le dedica el numeral 7 a hablar de San José como “Padre en la sombra”, donde expresa que José es la sombra del único Padre Celestial, y sombra que sigue al Hijo.
En un segundo momento, contemplemos el silencio de san José desde la vida interior. Realmente por los relatos bíblicos sabemos que José fue “un varón justo” (Mt 1,19); es decir, un hombre totalmente entregado a Dios, cumplidor fiel de su religión judía, observante de la ley y hombre de vida espiritual. Por eso, el silencio de José, es el silencio de un hombre de una profunda experiencia de Dios y que se manifiesta cuando se le confía la misión paternal de Jesús en la escucha a Dios, en la obediencia de la fe y en la eficacia de la acción; con razón dice el Papa Francisco que “su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza” (patris corde”, No 7).
En un tercer momento, quisiera que habláramos del silencio de san José como un ejemplo de vida. Popularmente expresamos que un gesto o una acción vale más que mil palabras, y eso podemos decir de este santo. Seguramente Jesús tuvo que ver en José, un ejemplo de padre fiel, justo, responsable, amoroso, trabajador, abnegado, respetuoso, etc. Una figura de un padre ejemplar, reflejo de Padre Celestial. El silencio de San José es su “Fiat” a Dios que se manifestó no en palabras sino en acciones concretas, en la aceptación y cumplimiento de su misión como padre de Jesús.
En un último momento, creo que debemos dejarnos interpelar por el silencio de José, y qué reflexiones ¿cómo asumir el silencio de José hoy? Y recuerda para terminar que el silencio de José no es un silencio de ausencia sino de presencia; no es un silencio de ausencia de ruido sino de suave brisa; no es un silencio para callar sino para expresar; no es un silencio para romper comunicación sino de anuncio gozoso; no es un silencio pasivo sino activo, no es un silencio sin razón sino de reflexión; no es un silencio exterior sino de verdadera vida interior; no es un silencio en lenguaje humano sino en lenguaje teológico.

Johnier Fernando Rojas Martínez, c.m. Pbro.
Rector Seminario La Providencia
El Espinal

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