SAN JOSÉ Y EL AMOR OBLATIVO

Mientras, que la sociedad colombiana celebra desde el año 1969 en septiembre el mes del amor y la amistad, por razones de comercio y economía; en el resto del mundo se conmemora esta celebración el 14 de febrero de cada año, haciendo memoria del sacerdote San Valentín y su defensa del matrimonio, especialmente a favor de los soldados romanos enamorados, y a quienes el emperador Claudio II les tenía prohibido casarse; y cuya orden no acató este clérigo, motivo que lo llevó a su muerte el 14 de febrero de 270, según cuenta la leyenda. Dando origen al principio a la celebración de los enamorados y, posteriormente, al día de los amigos, para no excluir a nadie de este maravilloso don del amor. Con la razón antes mencionada, quisiéramos en este artículo hace referencia al amor en el verdadero sentido cristiano y más aún, plasmado en la figura del gran San José.

Hablar del amor es una sociedad donde la superficialidad, los sentimientos, las pasiones, la sexualidad y hasta la psicología u otras ciencias humanas desvirtúan o parcializan este término, puede ser algo difícil, pero a la vez necesario, y especialmente desde el punto de vista cristiano. Por eso, debemos distinguir entre la atracción (eros), el querer (filo) y la entrega como donación total (Ágape), como manifestaciones del amor en diversos grados. Lógicamente, en este artículo hablaremos desde el amor como ágape.

El “Ágape” es un vocablo que quiere expresar el amor incondicional que busca el bien y la felicidad de la persona. El ágape es una oblación entendida no como simple sacrificio sino como don y entrega total sin intereses personales, ni esperar nada a cambio. Por eso Jesús de Nazaret dijo a sus seguidores que “Todos conocerán que sois discípulos míos en una cosa: en que os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13,25), porque el amor es la esencia de Dios y debe ser el reflejo de su imagen y semejanza en nosotros, de ahí, que “Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 4,8). Y que posteriormente, San Pablo en la carta a los Corintios va a agregar algunas características del verdadero amor cristiano “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor 13, 4-7).

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos decir que el amor oblativo por excelencia ha sido manifestado en las tres personas divinas. Amor Divino, que la humanidad ha experimentado incondicionalmente a lo largo de la historia. Amor de Dios, que todos los cristianos en el anhelo de adquirir la santidad intentamos reflejar en nuestras vidas. Ágape, que los santos han manifestado en su testimonio coherente de fe y vida, que nos animan al mostrar que es posible vivir en el amor auténtico de Dios sin reducirlo al simple concepto de amor humano.

Por eso, hablar de san José, es hablar de un hombre del ágape, de un amor oblativo, de una entrega desde la fe y de una donación sin condiciones. El silencio de San José en los evangelios es signo de obediencia por amor; los relatos que muestran a José “haciendo” lo mandado por Dios son manifestaciones de un amor efectivo; los pasajes de la paternidad con Jesús son expresiones de su humanidad, de su amor humano y del reflejo del amor divino. Con razón, el Papa San Pablo VI en la homilía del 19 de marzo de 1966 expresaba que san José hizo de su vida: “un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación… convirtió su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda su capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa”.

Y en la carta apostólica “Patris Corde” del Papa Francisco, los numerales 1 y 2 están destinados a hablar de San José como “Padre amado” y “Padre en la ternura”, donde se expresa bellamente “Jesús vio la ternura de Dios en José: Cómo un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen (Sal 103,13)”. El amor y la ternura de José son realmente reflejo del amor de Dios Padre y de su amor oblativo incondicional.
San José danos un corazón semejante al tuyo, que sea reflejo del amor divino y del verdadero amor cristiano. San José ayúdanos a valorar y comprender lo que realmente es el Amor y no permitas que lo reduzcamos a simples pasiones, sentimientos, deseos carnales o definiciones técnicas, donde el amor y el corazón estén vacíos o llevados por la superficialidad. San José enséñanos amar oblativamente. Amén.

P. Johnier Fernando Rojas Martínez, c.m.
Rector Seminario La Providencia – El Espinal

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