ALGUNAS DISPOSICIONES SOBRE LA ADMINISTRACION DEL BAUTISMO

El sacramento del Bautismo es un regalo de Dios administrado por la Iglesia para iniciar el camino santificación de sus hijos y sin él no hay la posibilidad de recibir válidamente los otros sacramentos. Por ello es importante tener en cuenta algunas disposiciones que aseguran que se pueda impartir de la manera adecuada.

Según el can. 861 Ministro ordinario del Bautismo “es el Obispo, el presbítero y el diácono”. Esta prescripción deja a salvo la del can. 530 que encomienda la administración del bautismo especialmente al párroco. Tanto los diáconos como los sacerdotes que no son párrocos no pueden administrar lícitamente el bautismo sin la licencia del respectivo párroco, licencia que se presume legítimamente en caso de necesidad.
Fuera del caso de necesidad, a nadie le es lícito bautizar en territorio ajeno sin la debida licencia (can. 862).

Cuando haya duda sobre si alguien fue bautizado, o si el bautismo fue administrado válidamente, y la duda persiste después de una investigación cuidadosa, se le ha de bautizar bajo condición, explicando previamente a él o a sus padres las razones de la duda y dando la necesaria instrucción (Cfr. can. 869, 1 y 3)
Los bautizados en una comunidad eclesial no católica no deben ser bautizados bajo condición, a no ser que haya un motivo serio para dudar de la validez de su bautismo, bien sea por la materia, la fórmula o la intención; en este caso recibirán también ‘la explicación y la preparación requeridas (can. 869, 2 y 3).
El niño expósito o que se halló abandonado debe ser bautizado, a no ser que conste su bautismo después de una investigación diligente (can. 870).
En la medida de lo posible se deben bautizar los fetos abortivos, si viven (Cfr. can. 871).

El bautismo puede celebrarse cualquier día, pero es aconsejable que, de ordinario, se administre el domingo con participación de la comunidad cristiana, y, al menos algunas veces, dentro de la, celebración eucarística, sobre todo en la Celebración de la Vigilia Pascual. La celebración en la que se administra el bautismo se debe preparar convenientemente haciendo resaltar la profundidad de los signos.
El lugar propio para el bautismo es una iglesia u oratorio. Fuera del caso de necesidad, no debe administrarse el bautismo en casas particulares; tampoco en los hospitales o clínicas (Cfr. cánones 857; 860).
En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino o una madrina o uno y una; no deben admitirse varios padrinos o madrinas. Si falta el padrino, que haya al menos un testigo por el que pueda probarse su administración (Cfr. cánones 873; 875).

Quien es elegido para el cargo de padrino debe haber cumplido dieciséis años, a no ser que por causa justa el párroco o el ministro del bautismo consideren admisible una excepción. Debe ser católico, estar confirmado, haber hecho la primera comunión y llevar una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir. El padre o la madre del bautizado no pueden servir de padrinos. Los cristianos no católicos sólo pueden ser testigos del bautismo, junto con un padrino católico (cfr. 874).

Los padres tienen la obligación de hacer que los hijos sean bautizados en las primeras semanas. Es preciso inculcar frecuentemente este criterio a la comunidad cristiana a través de la predicación ordinaria. Es creciente la mentalidad laicista que mira con indiferencia la recepción de los Sacramentos y por lo mismo cada vez se aumenta el número de bautismos de mayores de 8 años en la Diócesis. (Cfr. can. 867,1 e Instrucción de la Congr. Para la Doctr. Fe, 20 oct. 1).

En todas las parroquias es obligatoria la catequesis pre-bautismal para los padres y padrinos de los niños que van a ser bautizados. Esta catequesis debe ser suficientemente amplia y realizada personalmente por el párroco o por personas realmente preparadas; de seguirse los temas ofrecidos por la Diócesis. No ayuda para nada pastoralmente hablando ni a la seriedad de lo que hacemos, dispensar a nadie de esta catequesis o hacerla de manera rutinaria o superficial.

Los padres deben presentarse con la debida anticipación al despacho parroquial; allá se les tomará cuidadosamente los datos en el talonario de bautismos; se acordará el día y la hora de la ceremonia en conformidad con la programación parroquial; se les repartirá el plegable de que disponga la parroquia para estos efectos y se les recordará el día, hora y lugar del curso de preparación.
Normalmente, debe exigirse el registro civil como requisito previo y los datos deben transcribirse en el talonario de bautismos exactamente corno están en el registro para evitar futuras complicaciones. No se debe anotar el nombre del padre si este expresamente no aparece en el registro civil.
Para bautizar lícitamente a un niño se requiere que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces. En peligro de muerte cualquier niño puede ser lícitamente bautizado aun contra la voluntad de sus padres (Cfr. can. 868). En todo caso téngase en cuenta que en Colombia se debe respetar la libertad religiosa de las personas.

Se requiere también que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica: si falta por completo esa esperanza, debe diferirse el bautismo, haciendo saber la razón a los padres (can, 868, 1, 2).
Quien padece retardo mental grave se equipará a los infantes para efectos del bautismo (can. 852, 2).
En el caso del Bautismo de mayores de 8 años cumplidos y adultos algunas cosas varían respecto a los niños.
No se procederá al bautismo de mayores de 8 años sin una cuidadosa investigación previa para establecer que efectivamente no han sido bautizados antes. Tal investigación deberá hacerla personalmente el sacerdote y no confiarla a los encargados del despacho. Se exigirá, sin excepción, el registro civil del interesado y la correspondiente identificación de los padres. No se puede proceder con ligereza en estos casos.

Una vez que el sacerdote tiene por las informaciones, un juicio claro sobre las circunstancias del candidato procederá a la preparación respectiva si así procede (cf. cn 869). La responsabilidad de la investigación y de la preparación es del párroco de donde residen los interesados. Por tanto, no hace falta remitir estos casos a la Curia, el párroco debe proceder en conformidad con estas determinaciones.
No podemos desconocer, que frente al fenómeno de violencia y desplazamiento que vive el país o la presencia de migrantes por diversas razones, no es raro encontrar personas que se hacen bautizar dos o más veces para cambiar de identidad y así buscar beneficios, para suplantar a otra persona, o simplemente por la pereza de no ir al lugar de origen a buscar la partida o alcanzar algunos derechos respecto a la nacionalidad, etc.

Todo lo anterior nos debe llevar a ser muy cuidadosos en las investigaciones previas, hasta llegar a tener conciencia cierta de que se puede proceder a los sacramentos. Sin esta seguridad es mejor no proceder con ligerezas y esperar lo necesario mientras se adelantas las investigaciones.

Cuando se trata de una persona mayor de 14 años, con mayor celo y responsabilidad hay que hacer las investigaciones. No es extraño encontrar personas que han fracasado en su primer matrimonio, se hacen bautizar en otra parte para volver a casarse nuevamente. Por tanto, cuando se tenga la certeza moral del no bautismo, se acordará con el candidato una preparación seria y adecuada para recibir los Sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, según sea el caso.
Resulta cada vez más urgente, organizar la Iniciación Cristiana al interior de las parroquias, abierta a los no bautizados, pero también a los bautizados no evangelizados. Por tanto, las Parroquias han de tener el número suficiente de catequistas bien preparados para ofrecer este servicio. Es necesario recordar que el Santo Padre, el Papa Francisco a elevado este servicio a la calidad de un ministerio laical instituido.
De otra parte, téngase en cuenta, que no podemos ceder a la exigencia del bautismo, sólo por la necesidad de la partida para poder proceder al registro civil. La autoridad civil no puede exigir este requisito. La ley de libertad religiosa lo prohíbe y las normas civiles establecen la posibilidad de hacerlo con dos testigos o establece otros mecanismos a través de los cuales una persona puede ser uso de su derecho al nombre y una identidad. En caso de que los registradores o notarios no accedan, se le debe recomendar a los interesados que procedan con derecho de petición y tutela.

Se levantará y conservará en el archivo parroquial un acta firmada por los padres o por quienes legítimamente hacen sus veces en la que declaren bajo la gravedad del juramento que el hijo no ha sido bautizado y por qué causa, los motivos que los inducen ahora a solicitar el sacramento y el compromiso de seguir educándolo en la fe católica (cf. cn 851, 1; 865 y 866).
Los candidatos al Bautismo y demás sacramentos de Iniciación Cristiana, deben prepararse debidamente, mediante la instrucción sobre las verdades de la fe y las obligaciones cristianas, así como por la práctica de la oración y la caridad. Antes del bautismo deben manifestar personalmente su deseo de recibirlo y se les ha de exhortar a que tengan dolor de sus pecados (Cfr. cánones 852,1; 865,1).

Es preciso tener catequistas específicamente preparados para este servicio, cada vez se hace más frecuente en nuestras parroquias. Si el candidato tiene hasta 10 años, sólo recibe el Bautismo; si está entre los 11-13 años, Bautismo y Primera Comunión. Si tiene más de 14 años cumplidos recibirá los tres Sacramentos, estos son, Bautismo, Comunión y Confirmación.
Estos criterios de edades pueden cambiar en la medida en que la Diócesis vaya dando los pasos necesarios dentro de las opciones pastorales y evangelizadoras en que viene caminando, de modo que se pueda establecer un concreto itinerario catecumenal, que permita y garantice una adecuada Iniciación Cristiana.
En correspondencia con la edad de los candidatos, se establecerán los grupos de preparación y se usarán las guías catequéticas oficiales de la Diócesis para tal fin.

Estos bautismos se celebrarán dentro de la misa presidida por el Obispo o por quien expresamente por él venga delegado y en ellos se empleará el «Ritual para la Iniciación Cristiana de los adultos» (RICA), en su forma más plena de diversas etapas, o bien en forma simple en conformidad con las disposiciones diocesanas y de las normas del proceso Catecumenal mismo que se esté llevando.
Los Bautismos de adultos en la Diócesis están reservados al Obispo (can. 863).

El presbítero que legítimamente autorizado bautiza a un adulto tiene igualmente autorización para confirmarlo en conformidad con la ya expuesto acerca de las edades (Cfr. Can 883, 2).
En caso de peligro de muerte puede ser bautizado en cualquier tiempo el niño con uso de razón o mayor de edad, que, teniendo algún conocimiento sobre las verdades principales de la fe, manifiesta de cualquier modo su intención de recibir el bautismo y promete que observará los mandamientos de la religión cristiana (Cfr. cánones 852,1; 865. 2 ).
Para que alguien sea padrino del bautismo, téngase en cuenta lo prescrito por el C.I.C., c. 873:

Haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres.
Haya cumplido dieciséis años.
Sea católico, esté confirmado, haya recibido el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y lleve al mismo tiempo una vida congruente con la fe y la misión que va a asumir.
No esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada.
No sea el padre o la madre de quien se va a bautizar.
Estas mismas prescripciones, aplican para el padrino de la Confirmación. Cuando se pida un padrino de una denominación cristiana no católica éste se admite no como padrino sino sólo como testigo. (cf. cn. 874.2).

Antonio Devia Mendez. Pbro.
Vicario Judicial

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